lunes, 25 de agosto de 2014

NO RESPONDES



         VI         
No fue un beso
de viento a viento sólo. Fue el amor
en el telar oscuro de los sueños.
"El libro de las horas"
José María Franco Pérez







Qué espero de ti, que no respondes
o, si lo haces, es como una leve señal o una adivinanza.
Mis ojos cuartean lo que queda de horizonte.
Como otras veces, me quedé sin lágrimas.
La serenidad que desprenden mis palabras,
no tiene nada que ver
con el dolor que gimen mis silencios.
Y tú no estás y, si estás, no te veo.
Pero libro en tu ausencia mis batallas,
batallas que pierdo siempre en el mismo lugar, 
al pie del mismo árbol 
en el que vuelvo a dudar si me dijiste adiós.
Qué más da si fue al amparo de su sombra legendaria,
de sus hojas frescas y abundantes, 
o de las líneas de bruma de aquel último ejemplar
que escribimos juntos.
Que más da si fue al abrigo de una carta de correo postal
o con los ciento cuarenta caracteres del Twitter,
o si te cobijaste tras la oscuridad de una llamada telefónica.
Tú me dijiste adiós
y fue como si me llevaras cabizbajo hacia un hueco o un vacío
en el que yo me puse a tejer desde la nada, 
el desamparo.
Y mi propio desamparo se enredó
hasta hacerse un nudo entre mis manos.
Volví a observar como pasaba el hilo en cada vuelta,
y como quema mis manos.
No puedo sujetarla.
Salió rodando, varias veces la madeja.
Qué más da.
Había vuelto a ser Penélope
una y otra vez para esperarte.
Pero la espera empezó a ahogarme demasiado
y cuando me di cuenta, dejó de ser mi esencia.
Entonces supe que ya no quedaban Ulises que esperar
y se transformó mi mundo por completo.



sábado, 23 de agosto de 2014

PALABRAS



Lo que parece una cita, no lo es: forma parte de la misma unidad poética. No soy la primera que hace esto. Es un pequeño preámbulo en el que pongo de manifiesto que las palabras que otros nos dijeron, anidan en nosotros y entran a formar parte de nuestro ser. (Porque nosotros lo permitimos, claro...)


Qué agujero negro el de la palabra
cuando rinde a los ejércitos
y convierte las derrotas en arengas,
destruye la fe y arranca las certezas,
se desplaza por la sangre
y sabe vivir agazapada en cada una de sus cuevas.


Palabras que explotan de repente,
palabras que no dicen nada
y que suenan poderosas y grandilocuentes,
palabras rectas, retorcidas, sibilantes, sibilinas,
palabras viejas como el mundo en el que resuenan nuevas
y como recientemente descubiertas,
palabras-trampa, palabras-nido, palabras-arquetipo,
palabras incumplidas, palabras que se confunden con promesas
palabras que remiendan una y otra vez
y que dejan ver lo roto que yace bajo el zurcido,
palabras-meta, palabras-que-resquebrajan-horizontes,
palabras de bala de escopeta, palabras para decir adiós,
palabras que nos vacían o palabras que no nos llenan…
qué más da, si cuanto más las miro, más me liberan,
mientras las veo partir hacia el último poema que escribí,
como el vuelo que dibujan al regresar a casa,
las bandadas de aves migratorias.




viernes, 8 de agosto de 2014

CARRUSEL


Ilustración de Maua Orma
Explorar nuestro interior como los héroes mitológicos o los personajes de cuento. Ahondar en nuestras zonas oscuras o salir a la luz. Tener la perspectiva de la cueva y las sombras de Platón o caer en tu propia madriguera cuando vas tras el conejo blanco que se obsesiona con el tiempo. 
El tiempo. Ése que todo el mundo se ha empeñado en hacerte ver que es un tesoro, pero nadie más que tú sabe cómo gastarlo bien, aunque te lluevan los consejos. He llegado a esa madriguera absurda y llena de tinieblas. Mi madriguera. He podido comprender que en cada uno de nosotros hay una reina de corazones, maniática, intransigente y dictadora; un sombrerero loco o un mundo de sueños todavía por darse o de incomprensiones sin sentido y sin posibilidad de ser resueltas nunca... Al menos desde la lógica o el pensamiento razonado. 
Todo eso y mucho más, en las reflexiones de estos últimos días.



Alicia.- ¿Cuánto es para siempre?
Conejo.- A veces, sólo un segundo.
Lewis Carroll
Alicia en el País de las Maravillas

Era la verdad a medias, tortuosa y vacilante,
pero siempre a medias.
La noche murmuraba en mi coraje
para desvelarla o cubrirla para nunca o para siempre,
y seguía siendo a medias.
La pusiera donde la pusiera:
en la despedida, en el amor o en la inocencia,
en la melancolía, en el dolor o en la belleza,
la verdad siempre era una maldita verdad a medias.
Se me quiso romper la luna
precisamente cuando me columpiaba en ella.
Aunque en el fondo lo sabía,
sabía que volvería a ser como todas las anteriores,
una verdad a medias,
como sabía que tenía más de mentira que de verdad,
y aún así, me empeñé en creerla.
Y por creerla, la alimenté robusta y fuerte 
y me aferré a sus manos, pero también a medias.
Qué balanceo tan estúpido el de este carrusel
y qué amargas coincidencias hacen que se escapen
de mi espalda muchas, muchísimas verdades a medias,
de esas que se pasean remotas
y que huelen como los viejos que no se asean.
Ahora, que la noto ausente, que no me importa,
la encuentro junto a ti. Estás pegado a ella,
Ahora comprendo que tú también fuiste, como ella,
sólo un reflejo y una ilusión, en mi verdad a medias.





pinterest