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martes, 22 de septiembre de 2026
SE ME HA ENDURECIDO EL CORAZÓN
Pero ya es tarde.
Se me ha endurecido el corazón.
Y si lo miro bien,
hay una extraña argamasa que ha crecido
entre las grietas que se abrieron en otros tiempos,
como si fuera la yedra que se engancha al muro viejo.
Es como si todas sus heridas tuvieran cicatrices.
Tengo un corazón endurecido,
que ya no me hace llorar y no me duele.
Ni siquiera cuando escucho las últimas noticias.
¿Se habrá muerto para siempre?
Este mismo corazón, cuando empezó a latir,
le tuvo miedo a la muerte,
pero poco después se olvidó de ella
para empezar a disfrutar con los vivos
y a sufrir con cada ausencia.
Un corazón inocente y tonto que se revolucionaba
cuando entraba en él un nuevo amor
de las páginas impresas de los libros,
en los mundos novelados
o en el tam-tam misterioso de algún poema.
Pobre corazón, si estás vivo o muerto,
ya nadie te hace caso.
Creo que también yo te tengo abandonado.
Si vivieras, no tendrías mucho que contar
porque a ratos fuiste feliz
y te sentiste plenamente amado
y eso parece no ser interesante.
Mi corazón ya no me duele.
Vivió lo que tenía que vivir
en compañía y en solitario
y se sintió joven y niño
ante el rosal, el escritor
y un puñado de colores
para pintar una sonrisa urgente
en el rostro de un amigo.
Y si de verdad hay algo que lo hizo especial
y único es que fue sucesivamente adoptado
por un gato,
un pintor,
un controlador aéreo,
un músico
y por un maestro jubilado.
domingo, 7 de junio de 2026
Reflexión
Volaban al amanecer, hacia donde el sol no cegaba sus ojos. Majestuoso vuelo. Cuando las vi alejarse, comprendí que batían sus alas no para exhibirse, no para parecer grandiosas, no para buscar una felicidad que se les escapaba en cada latido. Eran aves rapaces buscando cómo alimentarse y en eso consistía su vida en aquel momento.
A veces nos toca ser como ellas, sin más. Pero la realidad del ser humano se hace diferente cuando además de todo esto, adquiere consciencia de su propio vuelo.
lunes, 27 de abril de 2026
ALQUIMIA
viernes, 27 de marzo de 2026
Entre líneas
No soy un libro que cualquiera pueda abrir y leer por partes para luego no tenerme en cuenta.
Mis códigos de expresión se impregnan de imágenes demasiado arcaicas y de líneas proféticamente bellas.
Y así se van llenando de una extraña sensación de libertad
que poco a poco sin que apenas lo notes, recorta tus cadenas.
No hay discrepancias cuando sé que Dios se ha diluído en mí y puedo amarte sin saber tu nombre.
No hay discrepancias con esta sensación de plenitud,
que sin más, aflora como la trama en un tapiz,
cuando te recito con mi voz,
la voz legendaria de tus propios sueños.

