Volaban al amanecer, hacia donde el sol no cegaba sus ojos. Majestuoso vuelo. Cuando las vi alejarse, comprendí que batían sus alas no para exhibirse, no para parecer grandiosas, no para buscar una felicidad que se les escapaba en cada latido. Eran aves rapaces buscando cómo alimentarse y en eso consistía su vida en aquel momento.
A veces nos toca ser como ellas, sin más. Pero la realidad del ser humano se hace diferente cuando además de todo esto, adquiere consciencia de su propio vuelo.
