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martes, 22 de septiembre de 2026

SE ME HA ENDURECIDO EL CORAZÓN

Yo no quería que pasara y lo intenté evitar.
Pero ya es tarde.
Se me ha endurecido el corazón.
Y si lo miro bien,
hay una extraña argamasa que ha crecido
entre las grietas que se abrieron en otros tiempos,
como si fuera la yedra que se engancha al muro viejo.
Es como si todas sus heridas tuvieran cicatrices.
Tengo un corazón endurecido,
que ya no me hace llorar y no me duele.
Ni siquiera cuando escucho las últimas noticias. 
¿Se habrá muerto para siempre?
Este mismo corazón, cuando empezó a latir,
le tuvo miedo a la muerte,
pero poco después se olvidó de ella
para empezar a disfrutar con los vivos
y a sufrir con cada ausencia.
Un corazón inocente y tonto que se revolucionaba
cuando entraba en él un nuevo amor
de las páginas impresas de los libros,
en los mundos novelados 
o en el tam-tam misterioso de algún poema.
Pobre corazón, si estás vivo o muerto,
ya nadie te hace caso.
Creo que también yo te tengo abandonado.
Si vivieras, no tendrías mucho que contar 
porque a ratos fuiste feliz 
y te sentiste plenamente amado
y eso parece no ser interesante.
Mi corazón ya no me duele.
Vivió lo que tenía que vivir
en compañía y en solitario
y se sintió joven y niño
ante el rosal, el escritor 
y un puñado de colores
para pintar una sonrisa urgente
en el rostro de un amigo.
Y si de verdad hay algo que lo hizo especial
y único es que fue sucesivamente adoptado
por un gato, 
           un pintor,
                   un controlador aéreo, 
                                                un músico 
                                              y por un maestro jubilado. 

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