Porque estabas en mí, yo te pensaba
y tu piel en mi piel,
el lienzo en blanco
donde pintábamos juntos
la canción más bonita.
Todo se transformó sin darnos cuenta,
en tus manos de amor, lo ceniciento;
en mis manos de amor, rutina fría.
Cuánto ambiguo elixir nos embriagaba.
La ceguera se vistió con nuestros cuerpos.
Cayeron los pétalos de la rosa muerta
mientras mi mirada construía torreones de silencio
y tus labios callados eran de olvido.
FASE II
Se me ha colado de puntillas este amor que yo no quise.
Y lo miro y remiro sin saber qué hacer con él,
si a mi edad, no sé verlo de otra forma,
que como a un niño solitario
entre arpegios y rasgaos
de sonidos melancólicos o demasiado tristes.
Esta luna de hoy, susurra
entre el ramaje de mi historia
entre el ramaje de mi historia
y me arrastra a contemplar de nuevo a un hombre
y a silabear de a poquitos,
los sonidos de su nombre,
los sonidos de su nombre,
y después se me ríe a carcajadas.
Y mi amor se queda en mí
y no percibe que he dejado abierta la ventana
Y mi amor se queda en mí
y no percibe que he dejado abierta la ventana
porque le invito a que se vaya.
Pero él no se quiere ir.
Pero él no se quiere ir.
Y así pasan los días y las noches con este tonto forcejeo.
Oh, pequeño amor, tan sorprendente,
que te has hecho de repente luminoso
Oh, pequeño amor, tan sorprendente,
que te has hecho de repente luminoso
entre lo blanco y lo teñido de mis canas.
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