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Imagen tomada de la Web |
Un abrelatas oxidado pudo ser el motivo del encuentro
o el desencadenante hacia el olvido.
Llegó el lector para transformar aquellos textos
en algo nuevo y diferente
que jamás se había pasado por la cabeza
de su musa azul,
ni por el latido del artífice
que se estaba haciendo una coraza de poeta.
Al fin y al cabo era sólo un abrelatas oxidado
hecho de palabras, que no tuvo nada de real
hasta que aquel lector le insufló vida
con su propio aliento.
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