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Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.
El Kybalion
Te he amado, amor,
incluso cuando eras un despojo
de mi propia sombra,
de mi propia sombra,
cuando te hiciste de ilusión o de espejismo.
Te he amado
en el umbral de mi tristeza,
en el fuego de mi ira
y te he consumido entre mis dudas,
en mis tacones, en la lencería fina
y en el carmín encendido
de mis labios.
Te he amado, amor,
como si fueras ese terrón
desgajado de la tierra
desgajado de la tierra
que ya no sabe,
ni se acuerda
de lo que fue la lluvia,
o la fragancia de la hierba.
Te he amado
como si fueras la caricia
que cree en los milagros,
hasta sentir que te desvanecías
completamente entre mis manos,
como si fueras toda la ropa
con la que llenaba mi maleta,
sin saber del destino
de un viaje que no era mi viaje.
de un viaje que no era mi viaje.
Ni siquiera el tuyo.
Pero tú me quisiste escribir
tras un grueso telón.
Me atrincheraste.
Me cubriste del ropaje
con el que se visten
los secretos más profundos,
para esconderme en tu teatro,
y tras tu mundo.
Después me dejé convertir
en la invisible musa
en la invisible musa
que se ahogaba
en el color de tus palabras.
en el color de tus palabras.
Te he amado, amor,
-siempre-
como tú querías.
Comienzo a amarte, amor,
-ahora-
como yo quiero.
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